Intersecciones: con otros discursos

La Subjetividad en Tiempos de Migraciones

Por Lic. Flavia Crupi - Argentina y Lic. Maria Van Rosmalen - Holanda
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Introducción

Llamaremos migrantes, del  latín “migratio”,  al  desplazamiento  humano que  se realiza  desde el lugar de origen/residencia  a  otros  destinos. Son  desplazamientos  humanos dentro de  una  misma  zona, país o al exterior.   Este término abarca:  refugiados, asilados, exiliados, inmigrantes, las migraciones elegidas y las migraciones  forzadas, a la cual  nos referiremos.

Migraciones forzadas/forzosas,  son desplazamientos obligados de comunidades por conflictos bélicos, persecusión y otras violaciones a los derechos humanos que abandonan sus hogares en busca de estabilidad, paz y con la esperanza de cubrir las necesidades básicas de techo y comida. También podemos incluir las migraciones forzosas por motivos de catástrofes climáticas, sequías, terremotos, inundaciones.

Este  texto tratará de  plantear  y  analizar  cuestiones  de  delicada inmediatez  y  que  atañen a  un  porcentaje  importante de la  población  de  nuestro  planeta y  que  nos  incumbe  a  todos.

 

La Subjetividad

La migración puede llegar   a  ser   una  situación traumática múltiple para algunos y para otros puede producir  efectos emocionales, dado que   implica cambios en   la  realidad  externa conocida, cotidiana con repercusiones directas en  la  realidad interna, o sea en  la  propia subjetividad.

Subjetividad que, para  nosotras  psicoanalistas, reconocemos deviene de un  arduo trabajo de construcción cotidiana que es para cada sujeto. Primero reconoce el “yo soy” y después el “nosotros somos”.  Es  decir, la  comunidad  a  través  de  los  vínculos  primarios. (madre,padre—funciones).

La estabilidad  de  los  vínculos  primarios  hace  que  el  Yo genere la  capacidad  para tolerar  y  elaborar  esos  cambios  internos  y  externos  e  incluso enriquecerse con  ellos.

La migración forzada  plantea en los  sujetos  la  sensación  de  “no ser nadie”,  esto implica un impacto directo al ser.

Las  migraciones  son  situaciones  de  crisis.  La  migración forzada  es  una  situación donde lo fáctico, lo real,  irrumpe produciendo diferentes efectos sobre el psiquismo.

Hay  un  proceso  que  necesita recorrer  el  migrante entre  el  pasado  y  el porvenir,  para  poder  unir  fragmentos  de  aquello  que  se comienza a  duelar.

El proceso  de  duelo que  deberá  emprender  cada migrante  marcará  el  camino  elaborativo  para  consolidar el sentimiento de  identidad vapuleado en la crisis migratoria.

 

Centros de Acogida: efectos sobre la subjetividad

“Cientos de migrantes seguían cruzando este domingo desde Serbia a Hungría, a pesar de que las autoridades húngaras completaron la instalación de una valla de 175 km en la frontera.  Pocos se deslizaban por debajo de la alabrambrada en la que se podían ver jirones de ropa.

Una de las tantas mujeres sirias que forman parte de la caravana dijo:

Lo peor de este viaje es la humillación. Estamos en un laberinto, de una cola de espera hacia otra, nos gritan como si fuéramos animales”. (AFP. Bruselas)

Las guerras civiles, las amenazas de los grupos fundamentalistas y la constante violencia obligaron a cientos de miles de personas a huir, a “imaginar” que en otro lado se estaría mejor.  Esta migración forzada hace que cualquier proyecto de futuro quede truncado y aparezca un espacio incierto lleno de  inseguridades.

Y un sujeto sin proyecto es un  sujeto sin destino.

En estos tiempos definir el concepto de “refugiado” no es nada simple. Lo que conocemos de esta  definición resulta hoy insuficiente.

Actualmente se incluyen a las personas que huyen de su país porque su vida, seguridad o libertad están amenzadas por la violencia generalizada, la agresión interna y externa, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público (De Gruijl, informe ACNUR)

El sujeto se ve obligado a abandonar su entorno conocido, se ve forzado a desplazarse, se ve exigido a paralizar su actividad cotidiana. Su vida queda suspendida y entra en una realidad inhóspita, donde su identidad se desdibuja y lo real se hace presente sin tiempo para buscar nuevas significaciones y significados.

El desplazamiento fragmenta la identidad, el sujeto desaparece, su historia se rompe y esto produce una ruptura de sentidos.

En este contexto traumático aparece un nuevo espacio social: el centro de acogida de refugiados, espacio con características transitorias sin límite concreto y un nuevo estatus:

el ser refugiado.

 

Analizemos lo peculiar de este espacio.

¿Podríamos pensar que este espacio se estructura como espacio transicional?

¿Es realmente un espacio que hace de puente entre la violencia pasada y el futuro prometedor?

¿Se constituye, este centro,  como una zona intermedia de experiencia entre lo subjetivo y lo que se percibe en forma objetiva?

Desde la perspectiva de Donald Winnicott, el objeto transicional, define la “primera posición no-yo”. El infante le atribuye funciones imaginarias al objeto para soportar la ausencia de la madre.

¿Cumplen estos centros la función de suplir la protección y seguridad perdidas?

En  teoría es función del centro de acogida, dar refugio y buscar lugares seguros donde el grupo pueda reacomodarse, reorganizarse y proyectar un futuro.

El carácter temporal de este espacio, no está diseñado para largas estancias, las personas están casi hacinadas, sin privacidad para comer lo que quieren y/o asesarse cuando quieren, todo en detrimento de la subjetividad.

Por ejemplo, los centros de acogida en Holanda, son grandes galpones con largas filas de camas marineras adjudicadas por familia. Un señor decía que para tener un poco de privacidad se tapaba con una manta para no ver al resto y así imaginarse que estaba solo.

La persona refugiada sufre pérdidas, de relaciones y materiales, le falta un espacio que lo defina, no tiene posesiones, ni estatus. Son el símbolo de la carencia y el desamparo.

Desde la perspectiva subjetiva el sujeto está en esa ambigüedad de pérdida de sus relaciones familiares y sociales que sostienen su identidad, su capacidad yoica queda inhibida y restringe la capacidad de respuesta. Las personas hacen una lectura de la realidad dislocada, desquiciada que los rodea y amenaza, esto es lo que enferma.

En esta reconstrucción subjetiva, en estos centros de acogida se produce el encuentro con los otros, esto ayuda, en principio, a darle un sentido. Se entablan relaciones, el vacío semántico se va transformando en la interacción con el otro. Aparecen nuevas formas de vinculación colectiva y se producen nuevos significados.

Los refugiados buscan reconocerse nuevamente, armar una nueva realidad.  Para poder armarla y reconstruir,  resignifican sus rutinas diarias por medio de narrativas que le dan veracidad a su estado actual y les proporciona un nuevo sentido.

El proceso del discuso narrativo ayuda a entender mejor la dimensión temporal de nuestra existencia.

Nos preguntarmos,  ¿qué mecanismos se ponen en marcha en estos sujetos para reconstruir sus lazos y sus propias vidas, cuando además de la violencia sufrida, sumamos la estancia “indefinida” en los centros de acogida?

En “Psicología de las Masas y análisis del yo” Freud argumenta:

En la vida anímica individual, aparece integrado siempre, efectivamente, «el otro», como modelo, objeto, auxiliar o adversario y de este modo, la psicología individual es al mismo tiempo y desde un principio, psicología social, en un sentido amplio, pero plenamente justificado.

….La psicología colectiva considera al individuo como miembro de una tribu, de un pueblo, de una casa, de una clase social o de una institución, o como elemento de una multitud humana, que en un momento dado y con un determinado fin, se organiza en una masa o colectividad. Roto, así, un lazo natural, resulta ya fácil considerar los fenómenos surgidos en las circunstancias particulares antes señaladas, como manifestaciones de un instinto especial irreductible, del instinto social que no surge al exterior en otras situaciones.”

Este instinto social, este alma colectiva favorece, en principio, la reconstrucción y nueva significación de una historia truncada por la violencia. Los refugiados van creando nuevos núcleos de significados como alternativa para generar un sentido a tanta disociación.

Hay que reconocer que hay una pérdida de representación en los sujetos que conviven en los campamentos. Son individuos sin rostro dentro de una masa.

Una alternativa para reconfigurar este espacio social migratorio es posibilitar la asociación con otros. Generar actividades donde se sientan útiles y puedan desarrollar su potencialidad y creatividad.

Esto les permite poder indentificarse como individuo y deshacerse del lugar de víctima, todo mediante la interacción social, espacio indiscutible lleno de significados imprescindibles en la dimensión simbólica de cada sujeto.

Lamentablemente son muy pocos los centros que organizan este tipo de actividades en Europa.

D.W. Winnicott afirma: “Para dominar lo que está afuera es preciso hacer

cosas, no sólo pensar o desear y hacer cosas lleva tiempo. Jugar es hacer”

Por ejemplo la creación de un grupo musical en un centro de acogida en Sierra Leone. (Sierra Leone’s Refugee All Stars, 2012)

Otro ejemplo, Centro de Acogida en el sur de Holanda, un grupo de migrantes prepara la organización del Carnaval, participa en la confección de los trajes y participa en la banda musical.

Estos son sólo algunos ejemplos positivos, porque también hay experiencias negativas como la de varios refugiados que fueron desplazados cuatro veces a otros centros holandeses en el transcurso de un año.

Este rol pasivo es lo más díficil de soportar. No hay espacio para expresar que lo quieren, son seres consideramos anónimos.

 

Lo Disruptivo

Moty Benyakar, médico psiquiatra y psicoanalista argentino, propone el concepto psicoanalítico de “lo disruptivo”, pensado después de 40 años de trabajo en contacto directo con el sufrimiento humano por haber participado en cinco guerras.

Afirma “… es el impacto de situaciones o fenómenos fácticos en el psiquismo, provocando desestabilización, desregulación y/o desarticulación del funcionamiento psíquico. Estas trasnformaciones psíquicas pueden devenir patólogicas o no…”

Este concepto explica el quiebre, la brutalidad, la sorpresa, la violencia de cómo determinados eventos impactan sobre el psiquismo.

No es que el sujeto está distorsionando lo que pasa sino que el sujeto ve/entiende lo que sucede y no puede generar respuestas adaptivas inmediatas.

Benyakar afirma que el efecto psíquico de un suceso impactante puede ser stress, depresión, trauma.

Moty Benyakar hace una separación entre trauma y evento.  Afirma que el trauma no es un choque, un accidente, una bomba, trauma es un proceso psíquico, no es el suceso en sí, no es el hecho en sí. Lo importante es ver el efecto psíquico que el evento disruptivo causa en el psiquismo, esto puede ser stress, puede ser depresión,  porque no todo suceso terrible, violento va a producir siempre un proceso patológico.

Desde esta perspectiva el síndrome de ansiedad por disrupción puede aplicarse a los migrantes refugiados.  El entorno se distorsiona, los roles sociales se pierden, esto impacta fuertemente sobre la subjetividad.

Cada persona tiene un umbral de resistencia a la descompensación que es función de su historia personal, de las cicatrices adquiridas en los avatares de su desarrollo afectivo y de sus valores morales y culturales. Por eso ocurre que un mismo evento puede dar lugar a reacciones adaptadas en algunos sujetos y a reacciones psicopatológicas descompensadas en otros”. (Moty Benyakar, 2006)

 

Consideraciones finales

El flujo migracional es cada vez mayor y las políticas de estado no dan respuestas adecuadas a esta apremiante problemática.

Cientos de miles de personas en diferentes campos de refugiados viven en condiciones infrahumanas, con falta de comida y atención médica, otros con mejor suerte, viven en centros de acogida en mejores condiciones sanitarias pero no sabiendo qué futuro les espera.

En la mayoría de los casos estos movimientos migratorios son irregulares, es decir, muchas personas llegan a los puestos sin documentación y habitualmente enviadas por traficantes y tratantes de personas. En estos viajes ponen sus vidas en riesgo, obligados a viajar en condiciones impensables pero con la esperanza de tener un futuro mejor, en paz.

En este estado de estrés y desolación llegan las personas a los centros de acogida donde se les brinda techo y comida. Sobre las consecuencias emocionales/psicólogicas de esta experiencia hay poco escrito.

Las políticas de refugiados cumplen, hasta ahora, sólo una parte del objetivo, sólo dan refugio, las perspectivas de futuro son ambigüas.

El inmigrante tiene que hacer un esfuerzo de adaptación al nuevo medio, lo que conlleva, en muchos casos, a un desajuste psicológico y emocional que requiere de asistencia profesional especializada.

La Psicología Transcultural da cuenta y atiende los procesos y factores relacionados entre salud mental y diversidad cultural.

¿Están los especialistas sanitarios concientes de esta visión trascultural a la hora de hacer intervenciones?

¿Es necesario pensar en una formación sistemática de estos profesionales?

Comprender esta compleja trama de emociones, experiencias y sentimientos que son movilizados en este proceso migratorio forzoso/forzado es fundamental para saber cuáles son los mecanimos necesarios que requieren el trabajo con estas personas para ajustarse, adaptarse y reinsertarse a la nueva sociedad. Recuperar la continuidad dentro de sí.

Los planes de intervención transcultural deberían estar orientados a la reestructuración, reconceptualización de experiencias que en el pasado tuvieron un significado y que en el nuevo contexto pueden ser reelaboradas, comprendidas  y asimiladas, encontrando otra significación de acuerdo a la nueva realidad.

Al decir de Winnicott, “el mejor lugar para vivir es el propio cuerpo” insertado en un espacio social con perspectivas de futuro.

En su libro “Hospitalidad”, Jaques Derrida nos dirá que es “lo otro”, el extranjero, lo ajeno, lo extraño, el otro es lo que nos llevará al cuestionamieto de nuestros supuestos saberes, de nuestras certezas, de nuestras legalidades…

 

Algunas referencias:

  • “La Carrera hacia ningún lugar”.      Giovanni Sartori.
  • “Psicología de las Masas”.                Sigmund Freud.
  • “Realidad y Juego”.                           Donald Winnicott.
  • “Lo Disruptivo”.                                 Moty Benyakar

 


La Lic. Flavia Crupi es miembro titular del Centro Oro, coordinadora del Equipo de Comunidad.
Junto con la Lic.  Maria Van Rosmalen realizaron y  presentaron  este trabajo en las “Jornadas  Internacionales  de transculturalidad”.  Septiembre 2016  –  San  Carlos  de  Bariloche  –  Argentina-

fcflaviac@gmail.com  //  mvanrosmalen8@gmail.com

 

 

 

La Subjetividad en Tiempos de Migraciones
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