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Los niños y el fuego. Práctica hospitalaria en tiempos de crisis social.

Por Susana Salce
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Síntesis del Prólogo

“El sabor de una experiencia” llama Lacan a la clínica en “El acto analítico”.

¿Por qué escribir este libro?
Este libro intenta dar cuenta de una práctica clínica psicoanalítica que estuvo destinada a escuchar y hacer escuchar las voces de los niños internados en la sala de Pediatría del Hospital de Quemados de la ciudad de Buenos Aires. Se trata de una práctica que abarcó un período de dieciséis años, desde 1989 hasta el 2005.

Mi propósito es tratar de hacer una trasmisión en el sentido de Walter Benjamin para quien la experiencia tiene relación directa con lo que se puede decir, con lo que se puede contar.

El autor reivindica la tradición oral y el discurso de los niños y los locos como discursos inmaduros, incompletos, que han renunciado a las certezas absolutas.
“¡Me voy a volver a quemar! ¡Me voy a volver a quemar! ¡Acá por lo menos medan de comer y me cuidan!”, gritaba un chico de 8 años una mañana en la sala y en otra ocasión cuando le pregunté a un pequeño filósofo de 10 años si le dolían las piernas, me respondió “me duele mi padre”. Mi propósito ha sido construir una memoria organizada al modo de un “mosaiquismo” de textos hilvanados alrededor de fragmentos.

Para Giorgio Agamben, la experiencia es el “mysteriom” que cada quien instaura por el hecho de tener una infancia.
Encuentro un parentesco entre el “mysteriom” y el asombro de una práctica que comparte con la infancia el carácter inaugural de un desconcierto: el desembarco en un país extranjero. Una escucha psicoanalítica en un territorio médico quirúrgico. Una práctica clínica centrada en la escucha del caso por caso y los modos diversos de padecimiento del cuerpo.

“Ángeles, entre la anestesia y el dolor”, es la historia de un llamado que nunca fue escuchado en una niña de 11 años que no registraba el dolor durante las curaciones. Juan, en “La locura de un dolor sin sujeto”, un chico de 6 años que como derivación de un duelo imposible por la muerte del padre, se negaba a comer y sufría de un dolor “loco”, un dolor sin cabeza, y en “Los sueños de Amalia” trabajamos el enigmático dolor del miembro fantasma en una mujer que había sufrido una amputación.

Al releer el material registrado durante todos esos años, me di cuenta de que más allá de la práctica clínica que me permitió interrogar la teoría psicoanalítica en temas tales como el dolor, el trauma, el duelo, el lugar del juego y la ficción en la tramitación de lo traumático, el lugar del cuerpo y la constitución de la subjetividad, ese material que había reunido era también un testimonio de los cambios que se fueron operando en el país y en la vida familiar en ese tiempo.  Niños que dormían en la calle y se agredían con fuego, niños que se quemaban en basurales o robando cables al ¿“amparo”? de padres desempleados, niñas madres, peleas entre adultos que encontraban un límite en el fuego o en el agua hirviendo.

¿Cómo decir lo indecible? ¿Cómo se articula lo indecible en cada uno con lo innombrable o lo traumático de la historia? Nacemos traumatizados por el sonido y la furia de una lengua que no comprendemos, que nos parasita y que tenemos que comenzar a habitar. El arte de ser hablantes es un arte que nace al borde de la cuna. El lugar del juego y la ficción son creaciones del sujeto que velan un trauma que es al mismo tiempo la causa de su creación.

Espero con este libro hacer un pequeño aporte respecto de los alcances del psicoanálisis aun en ámbitos no convencionales. También espero compartir con los lectores una parte de la historia dolorosa de un querido país que no termina de encontrar su rumbo.

Los niños y el fuego. Práctica hospitalaria en tiempos de crisis social.
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