Una Erótica de la Época

El amor, ¿una ficción compartida?

Acerca del cuento “Una mujer ilustrada de Ray Bradbury”

Por Miembros del Departamento de Dolencias Orgánicas e Interconsulta
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Síntesis del cuento

Esta historia presenta a una mujer con sobrepeso que acude al Psiquiatra, no con la intención de conseguir un tratamiento para bajar de peso, al contrario, lo que ella busca es subir unos kilos extra para mantener feliz y entretenido a su diminuto esposo.

Antes de escuchar los problemas de Emma, el doctor George hace un diagnóstico previo de su paciente: “Lo más seguro es que quiera bajar de peso, para eso acudió a esta clínica” y le informa a Emma que lamentablemente, en el campo de la psiquiatría, no se ha conseguido inhibir el apetito de los pacientes para tratamientos de obesidad y que es incapaz de darle una consulta real para tratar su problema.

Emma comienza a contarle al doctor que está casada con Willy Fleet y que trabajan juntos en los Espectáculos Ambulantes, ella es conocida ahí como “La Dama Generosa” y a su esposo como “El hombre que adivina el peso“.

Willy Fleet, su esposo, es un hombre minúsculo de más o menos noventa  centímetros de alto y no más de treinta kilos de peso.

La luna de miel fue en la diminuta casa de Willy. En la habitación del hombrecillo, una habitación de tamaño normal, le pidió a Emma una a una sus prendas hasta que quedó completamente desnuda frente a él.  Momentos después la miro a los ojos y le propuso tatuar su cuerpo entero con múltiples tintas y lápices y brillantes agujas de plata para tatuar, a lo que Emma le dio su consentimiento.

Ocho años tardó Willy Fleet en tatuar por completo el enorme cuerpo de Emma. Ocho años en los que Emma continuaba engordando para brindarle un poco más de lienzo a su amado esposo, que trabajaba sobre su piel con amor y pasión. Al terminar la obra maestra, Willy se desplomó y durmió durante cuarenta y ocho horas seguidas, Emma durmió junto a él. Al despertar, Emma se dio cuenta que Willy podría irse en cualquier momento. Le dijo al doctor que Willy retomó su trabajo del “Hombre que adivina el peso” ese mismo día, antes de ir a la consulta. El doctor sonrió y le dijo: “Usted debe destruir la Obra Maestra”. Con esta simple pero contundente respuesta, el rostro de Emma se llenó de esperanza, “Willy puede despintarla en un total de tres meses y volverla a tatuar por otros ocho años y repetir el ciclo un sinfín de veces y ser felices toda la vida”.

En señal de agradecimiento Emma le ofrece al psiquiatra mostrarle la obra maestra de Willy Fleet, para ello, se desprende de la única prenda que cubre su cuerpo, un abrigo. La mujer quedó completamente desnuda frente a éste, pero no había ningún tatuaje sobre la piel de Emma.

Finalmente cuando Emma se va, el Dr. George miró a su alrededor y volviendo inseguro hasta el consultorio, y murmuró para sí: “cúrate a ti mismo”.  

Breve historia de la ciencia ficción   

A fines del siglo XIX la revolución industrial tuvo su eco también en la literatura con lo que se llamó narrativa especulativa, por ejemplo “Frankestein” de Mary Shelley o Wells con “la máquina del tiempo”. Sin embargo, los avances científicos del siglo XX aceleraron el proceso de desarrollo de una nueva literatura. Fue en 1930 cuando Hugo Gresbak acuña en término de Ciencia Ficción en la portada de la revista “Amazing Historie”. A partir de ahí se considera Ciencia Ficción a cuentos e historias que versan sobre el impacto que producen los avances científicos y tecnológicos en términos sociales y culturales, ya que los mismos relatan acontecimientos posibles desarrollados en espacios imaginarios.

La difusión y éxito de esta literatura hace eclosión en la década del ‘60 del siglo XX con la guerra fría y el inicio de la era espacial.

En la época de oro del hippismo, del símbolo de la paz y la imaginación al poder, del Black Power y de la guerra de Vietnam, se produjo un fenómeno contracultural favorable al desarrollo de esta literatura. La ductilidad y libertad de este género se funda en la posibilidad de anticipar eventuales acontecimientos y ficcionalizar los mismos como invención poética.

Sobre el autor

Ray Bradbury. Nacido en 1920 en Illinois, estados Unidos, es un novelista y cuentista conocido principalmente por sus libros de ciencia ficción. Se graduó en la escuela secundaria en 1938 y trabajó como vendedor de diarios hasta 1940, año en que se dedicó a escribir a tiempo completo. Alcanzó la fama con el volumen “Crónicas Marcianas” (1950) . En 1951 publicó “El hombre ilustrado” compuesto por varios relatos, en 1953 publica “Farenheit 451” novela que fue uno de sus mayores éxitos y llevada al cine por Francoise Truffaut. Se trata de narraciones en las que lleva a cabo una crítica de la sociedad y cultura de un tiempo amenazado por un futuro tecnologizado. Ray Bradbury falleció en el 2012 y en el epitafio de su tumba dice: Farenheit 451, su obra más querida. El cuento elegido para este trabajo: “La mujer Ilustrada” fue publicado por primera vez en la revista Playboy en la edición de marzo de 1961. Luego fue publicado en “Las maquinarias de la alegría” en 1964.

Nuestra mirada de “La mujer ilustrada”     

Roberto Juarroz, poeta Argentino en un texto que se titula “Reflexiones sobre el escrito” nos dice entre otras tantas cosas: escribir es dar a ver, que toda obra de arte es un organismo voluntariamente e involuntariamente incompleto, no hay obra de arte concluída, acabada, es el lector el que va a terminarla…y aun algo más “El lector del poema es un actor”, es un hombre que viene a vivirlo y a transformarlo…

Entonces qué nos viene a mostrar, a dar a ver Ray Bradbury, en este maravilloso cuento…entre tantas cosas vemos asomarse una construcción de una “ Ficción amorosa”, la amenaza que ésta sufre…las intervenciones del psiquiatra preso de todos los prejuicios…El psiquiatra parece tener todas las respuestas y termina teniendo todas las preguntas… La Pasión como siempre entra en nuestro consultorio…transferencia diría el maestro Freud.

Un breve comentario sobre “la obesidad” de Emma, ella lejos de no registrar su estado, es absolutamente consciente del mismo. No “hace la vista gorda” todo lo contrario se sirve de él y con éste retiene a su amado, entonces el plato deviene objeto-escópico que roba la mirada capturando al objeto. Para ella los platos, para él ella es su plato-lienzo… su obra maestra

Finalmente termina interviniendo, produciendo la liberación de la Obra y se re-inaugura la ficción… pueden continuar. Algo más, podemos ver esta maravillosa forma que tiene el amor, de armar, de completar, de unir, de cubrir y de recubrir incluso la nada misma, el desnudo sin más.

Sentimientos encontrados y emociones opuestas fueron algunas de las sensaciones que experimentamos la primera vez que leímos el cuento. En primera instancia surgieron ideas que en la actualidad, y agitadas por un sinnúmero de banderas, tenían que ver con el lugar de la mujer, y particularmente qué lugar ocupaba la protagonista del cuento en esa relación amorosa, en la cual, ofreciendo su enorme cuerpo como una tela para ser pintada, sostenía el vínculo con su partener: “el magnífico artista”. En nuestro debate colectivo aparecieron cuestiones referentes al cuerpo, a la ficción, al arte, al deseo, a la historia de amor, ¿es realmente amor? ¿qué del amor? ¿Están locos? o bien ¿están locos de amor?

Se dice que al releer un escrito, podemos encontrar allí algo nuevo, incluso algo diferente cada vez.  En un trabajo de relectura, se nos abrió la posibilidad de pensar un “más allá” de la superficie del cuento y esto produjo un movimiento hacia un lugar un poco más cautivador; así fue como el texto fue tomando otros matices un poco más interesantes: aquellos que versan entre la creación y la sublimación, entre la ficción del amor y sus avatares.

Creemos que este escrito nos concierne, porque permite pensar algunas de las cuestiones que nos van atravesando en nuestro quehacer como analistas. Emma, como tantos pacientes, recurre a la consulta cuando ha caído como objeto de amor de su partener, porque se ha quedado “sin tela”. Lo llamativo del cuento, es que el vínculo que fundan juntos, los va ubicando en una particular forma de ser en el mundo, en la cual el cuerpo de ella, se sostiene como tela viviente en donde él, plasmará su talento, y ambos van entretejiendo un vínculo, una suerte de historia de amor, que tiene que ver con una constante tarea de creación de algo nuevo.

Mientras haya un movimiento constante de báscula entre los dos – la báscula del deseo- la cosa funciona bien: se trata de un artista que necesita expresar su genio en la piel de su partener, a condición de que el cuerpo sea lo suficientemente grande, para poder crear allí, y a través de esa actividad conjunta, ambos inventan un sitio de ficción compartida.

Sin embargo, la cosa se detiene cuando la obra maestra llega a su conclusión: hay un límite que impone el cuerpo de Emma para que su amado siga expresando su peculiar talento, “Mi corazón físico podría fallar ante las exigencias de amor de mi corazón y mi mente”, dice Emma. Ese límite a nivel del cuerpo implica una declinación de ese trabajo de creación continua que realizaban juntos, por ende un cese del deseo.

Lo interesante del desenlace del cuento, es que nos invita a pensar varias cuestiones acerca de nuestro trabajo en el consultorio; la primera es: cómo a partir de una ingenua propuesta que hace el terapeuta, se produce un giro, algo es modificado y el resultado es el reposicionamiento del deseo para que siga su curso, es decir para que siga deseante. Este singular aporte que realiza el terapeuta adquiere de manera sorpresiva la categoría de intervención, justamente por el efecto producido en la paciente, tal como nos sucede en la clínica: nos asombramos al reconocer de manera ulterior, aprês coup, que unas simples palabras han tomado el estatuto de intervención, dado que permite que el deseo siga circulando.

Es notable para nuestro trabajo en el consultorio -y hasta podríamos pensar que no es casual, dado el tamaño de Emma- el hecho de que la intervención del terapeuta apunta a un hacer lugar allí, donde no cabía más nada, entonces borrar la obra maestra significa que se pueda seguir inscribiendo aquello que de modo ficcional los protagonistas traen, algo así como una ilusión compartida de proseguir el lazo de amor que los une.

El amor para el psicoanálisis

Cuando hablamos de amor los analistas ¿de qué amor estamos hablando? ¿Qué entendemos por amor?

El amor es fundamentalmente una demanda de signos. El Otro debe mostrar al partener cuánto éste cuenta para él. Si el Otro le hace “falta”. Falta en tanto carencia de ser, en tanto sujeto de deseo.

En el caso de Emma, ella se ofrenda como un cuerpo que acepta devorar en exceso para darle al Otro los signos de su amor. Un exceso sacrificial, se podría pensar para ofrecerse al Otro y a la vez ser amada. De alguna forma es una estrategia para demandar amor. Estrategia para ser vista, para hacerse visible.

El acceso al goce en la mujer está condicionado por el poder ubicarse en la condición de objeto que causa el deseo del Otro. Posición que Emma Fleet intenta desesperadamente mantener, y que provoca su llegada al analista. Ante el temor de quedar indiferente para los ojos de su amado, acude a la consulta.

Freud decía que “el interés del que estudia la histeria no tarda en apartarse de los síntomas para dirigirse a los fantasmas que los producen”.

Lo que Emma Fleet desea no es la comida, sino el amor, el deseo del Otro. ¿Y podrá hacer calculable el deseo de su amado? ¿Cuántos más kilos deberá aumentar para incrementar y mantener el deseo de su partener?

De todas formas podríamos pensar que se presenta en el cuento una situación donde se absorbe la dialéctica del deseo dentro del cuadro de la necesidad, porque es una necesidad para Emma engordar, y es una necesidad para su esposo que ella siga engordando y garantice algo que se encuentra en el plano de la necesidad de pintar, para él también. Lo lleno. Goce pulsional que excede el marco del Principio de Placer o del Principio de Realidad. Exigencias de un goce que puede atentar contra la supervivencia misma.

Ella quiere ser aquella tela infinita para ser ilustrada por aquel minúsculo hombre que se deleita en su inmensidad. Su gordura tiene el destino de despertar el interés del artista y así mantenerse viva.

Justamente ella es conocida como la Dama Generosa en los espectáculos ambulantes. Podríamos decir: ¿Generosa para qué o para quién? Generosa para dar al Otro lo que le falta. Presentación clínica de la histeria como complaciente con el Otro, manteniéndose firmemente amarrada al Otro.

Ella se sorprende y se alegra cuando descubre que este hombre se deleita con su gordura: “Es la “primera vez que alguien encuentra bien mi gordura”.

La ficción de este cuento nos habla de la realidad presente en la histeria: puede adoptar diversas presentaciones. Las más diversas. Siempre y cuando cumplan con el requisito de asegurar a la histérica ser objeto de deseo para el Otro. Y con un cuerpo del que brota una sexualidad excesiva pero no genital. La piel de nuestra protagonista es una zona “generosamente”   investida.

Dos anatomías

Cuando hablamos del cuerpo en Freud, hablamos de la idea de dos anatomías superpuestas. Lo que Freud descubre en la histeria es un cuerpo que no responde a las leyes de la medicina, desconoce la anatomía orgánica, es un cuerpo hecho de representaciones, un organismo envuelto por una ficción, es un cuerpo narrado, relatado que se va armando entre la ficción y la escritura, se va armando en los vaivenes deseosos y gozantes del devenir.

El cuerpo se arma en los encuentros, desde ese primer encuentro con la madre donde aparecen palabras de amor, palabras que hieren y palabras que sanan y a partir de los significantes y el amor se arma la anatomía representacional. El cuerpo se arma entre el amor y la escritura y las marcas que van quedando. En éste caso podríamos pensar… ¿Cuándo un hombre ama a una mujer es cuándo un hombre arma una mujer?

Emma se ofrece a ser la tela de su amado Willy y está dispuesta a aumentar de peso lo que sea necesario desafiando su anatomía orgánica, para darle consistencia al lugar en el que él la ubica. Cuando se queda sin tela, Emma va a buscar a un analista que la ayude a sostenerse en el lugar de objeto para su amado.

Hay otros pacientes en los que, a diferencia de lo que ocurre en la histeria, responden a la anatomía, están investidos eróticamente pero, aparentemente no hablan sino desde el discurso médico. Son los pacientes que presentan fenómenos psicosomáticos.

Son pacientes que hablan en relación a su cuerpo desde la anatomía médica, inundan las sesiones con datos y mediciones referidos al cuerpo orgánico y el cuerpo de la representación queda desbancado. Está presente el cuerpo organismo, es un discurso acerca del cuerpo pero sin cuerpo. Las lesiones psicosomáticas aparecen como signos pero sin implicación subjetiva en lo que les pasa. La lesión aparece como desconectada de toda red asociativa, resistente a toda dialéctica. No hay pregunta por lo que les sucede. No piden ayuda, en general no escuchan o silencian las demandas de su cuerpo y siguen comiendo, en exceso o fumando o llevando su cuerpo a situaciones límites y se ponen en riesgo.

Consultan derivados por sus médicos o familiares y no hay una pregunta ni una demanda articulada a su sufrimiento. En esos casos, nuestra apuesta es que el encuentro con un analista les permita ir más allá de la enfermedad para que algo de un decir y del deseo pueda surgir. Emma, no hace la vista gorda a su síntoma. Consulta a un analista para que la ayude a aliviar su sufrimiento.

Un amor surrealista

Emma en su experiencia de amor misterioso y enigmático establece un único mundo con Willy: la “Experiencia del DOS”. Dos soledades. Dos diferencias. Dos fascinaciones. El “amor fou” (loco) del surrealismo de André Breton. El amor es obstinado e independiente de toda ley. Así ocurrió con Emma y Willy. La mirada amorosa de Willy la narcisista. Es la mirada del Otro la que impera para dar lugar a la subjetividad. Emma sola no es nada. Las marcas de su cuerpo, invisibles, imaginarias o no, hacen huella de afecto y de goce. Cuando Willy se va, llega entonces lo incierto, la fragilidad, la falta. En el re-encuentro posterior hay un goce fusional entre Emma y Willy que hacen Uno. Queda por preguntarnos, en el cuerpo de Emma, ¿habita la locura? ¿Es una reivindicación del goce?

Indiferencia

Algo amenazante, algo peligroso, empieza a rondar en la cabeza de Emma. Su amado Willy ha concluido la obra maestra sobre su cuerpo. Si la obra acaba enuncia: “WIlly se irá y no regresará nunca». Posibilidad que, certera o no, provoca en Emma, desesperación, ansiedad, desconcierto, miedo. Es ahí, en ese laberinto incierto, que decide hacer una consulta, yendo en busca de un saber, que mitigue su sensación de romperse en mil pedazos, de fragmentarse. Momento quizá, en el cual, la sombra de la indiferencia de su amado, la acorrala, la deja en sensación de vacío, de desamparo. Indiferencia que, la aterroriza, que la lleva a esa nada, a esa ausencia, a ese vacío, a esa falta en ser para el otro. Quedar acabada, terminada, agotada, sin más para ofrecer, sin tela para que pinte su amado, Ese cuerpo grosero, excedido, fantástico, irreal, mágico, que transforma y vuelve loco a Willy, corre riesgo de ya no ser. Fin de la ilusión de ser todo para el otro. Fantasma de un desamor, que genera la sensación de haber quedado sola frente a la crueldad del universo.

Arte y Psicoanálisis

Nos preguntamos si tiene nuestra labor como psicoanalistas algún lazo con el arte. Los psicoanalistas trabajamos con un deseo que subyace en nosotros: disponernos a escuchar a cada nuevo paciente que nos consulta, abiertos y receptivos al encuentro con otro ser humano y al mismo tiempo a ser partícipes de una experiencia singular, que nos sorprende cada vez. Es posible que el cuento ejemplifique algo de lo que podría ocurrir en determinadas situaciones. ¿Qué nos quiere transmitir el autor en esta obra?, ¿Qué material nos trae? Algo de lo que el escritor nos muestra es el efecto de un encuentro entre un psicoanalista y un paciente. El Dr. George queda anonadado ante la primera impresión que le produce la paciente que acaba de entrar en su consultorio. Su inmenso cuerpo no le permite escuchar la razón por la que consulta y así se anticipa a informarle que no podrá ayudarla a adelgazar. ¿Podríamos pensar que algo de la abstinencia falló en esa advertencia precipitada y prejuiciosa? Reconocemos ahí un primer equívoco de su parte, porque Emma, ante su sorpresa, consulta para que la ayude a engordar. Emma, de todas maneras, insiste con su demanda de ser escuchada. ¿Se podría producir a partir de este momento algo semejante a un acto creativo?

La paciente, lo reubica e interpela en su función de analista: que la escuche y a su vez se disponga a prestar su cuerpo para constituirse en el Otro de la demanda, es decir, quedarse vacío de prejuicio e interpretación para que resuenen sus palabras. Esto constituye una ficción en la que se supone que el médico sabe, lo que en realidad aún no sabe y que la paciente comenzará a presentarle con el relato de su sufrimiento. Emma llega llena, voluptuosa, cubierta de tatuajes pero angustiada, padeciendo la amenaza de la pérdida de amor. Y, ahora, el analista, habiendo escuchado su angustia, interviene con la creencia de que el cuerpo de Emma estaba lleno de tatuajes. A diferencia de su primera equivocación cuando lo que vio le tapó los oídos, aquí podríamos ubicar un segundo momento donde lo que escucha le permite intervenir sobre el texto de ella, sugiriendo borrar lo escrito, para hacer lugar a la falta y a partir de ahí construir el deseo. Emma satisfecha y feliz, por esa respuesta le muestra su cuerpo. El analista desconcertado descubre que no hay tatuajes, ni inscripción alguna. Se produce un develamiento. Y en esta segunda equivocación, cae ante sí mismo como sujeto supuesto saber, quedando la falta de su lado. Aturdido y transformado, se da cuenta que esa despedida lo relanza con una pregunta en relación a su condición de analista. Cae así en el diván, renovando el deseo de preguntarse sobre sí mismo. De manera que a ambos, paciente y analista se les produce una falta que da la posibilidad a cada uno de renovar su deseo.

La mujer Ilustrada y la erótica de la época  

El cuerpo Según Colette Soler se presenta a recibir la marca significante, a ser un lugar de inscripción, a partir del cual podrá ser contado como tal. Los cuerpos quieren poder contarse, el modelo de esto es la marca del ganado en tanto inscribe la pertenencia. En este punto de la marca, de las distintas formas en que las marcas sobre el cuerpo inscriben ahí una doble connotación: por una parte la pertenencia a un conjunto y por la otra una cualidad erótica.

Lacan dice en relación al tatuaje, que lo identifica a uno y que, al menos en ciertas sociedades, lo convierte en objeto erótico.

En el cuento” La mujer Ilustrada” el tatuaje funciona como expresión del vínculo ficcional y erótico.

Desde lo contemporáneo, podríamos pensar al tatuaje como un lugar de pertenencia y de identificación en sí. Esta inscripción en el cuerpo deja una marca que cobra valor de permanencia y eternidad.

En contraposición del contexto cultural actual donde la inmediatez, lo cambiante, lo efímero y las identificaciones inconsistentes forman parte del escenario reinante.

Comentario de Susana Salce

El amor ¿una ficción compartida?

Es recurrente la pregunta que se hace respecto a de qué hablamos cuando hablamos de amor. Lejos de resolver esta pregunta voy a tomar una frase de Lacan que me parece interesante para pensar este tema. Dice, “al amor no le sirve un comentario con pretensiones de orden teórico y una vez excluido el recorrido teórico, hay que   dejarle el lugar a la poesía”.

Un poeta del Renacimiento florentino “Marsilio Ficino” que estudió especialmente “El nacimiento de Venus” de Boticelli, en su libro D´Amore decía “cuando decimos amor debe entenderse deseo de belleza”.

Entiendo que esta es una de las ideas que Bradbury expresa en este cuento, cuando le hace decir a Emma Fleet. “Nunca habrá un amor como el nuestro, en el que dos personas se dedican a dar belleza al mundo”, el amor se entiende como deseo de belleza. Una idea del amor contemporánea del renacimiento florentino en pleno siglo XX que es cuando Bradbury escribe el cuento parece un anacronismo. Willy Fleet mira a Emma con los ojos de un pintor renacentista y ella acoge esa mirada sobre su cuerpo

El cuento   trae muchos mensajes cifrados que ponen en primer plano el tema del amor, la creación y el renacimiento. Cuando Emma enumera las pinturas que supuestamente tiene tatuadas en su cuerpo empieza por “La creación de Adán” el fresco de Miguel Angel que representa la creación del primer    hombre, después “Marte, Venus y Cupido”, cuadro de Tiziano que representa el nacimiento de Eros, hijo del amor y de la guerra.

En “El rapto de Proserpina” de Bernini el que hace su aparición es Plutón el dios de los muertos que también se enamora y rapta a Proserpina. Luego se menciona una obra inacabada, “La adoración de los reyes magos” de Leonardo de Vinci (destaco el hallazgo de Florencia, la frase de Juarroz que dice que toda obra es incompleta en tanto quien la termina es el lector)

Esta obra inacabada de Leonardo “La adoración de los reyes magos”, pone en primer plano el tema de la creencia, la creación y el renacimiento. Se trata de la Epifanía algo que los cristianos conmemoran cada seis de enero, la aparición de Jesús. Epifanía se relaciona con lo que se manifiesta con algo que aparece, el cuerpo de Jesús. Esa aparición en la que el hijo de Dios se manifiesta con forma humana.

Algunos autores llaman Epifanías a las lesiones psicosomáticas, porque tienen que ver con algo que el cuerpo muestra, solo que a diferencia de la epifanía religiosa la lesión psicosomática está escrita en una lengua ilegible Lacan dice que lo psicosomático está profundamente arraigado en lo imaginario y que si bien es del orden de lo escrito en el cuerpo, se trata de algo congelado, una escritura ilegible en tanto aún no ha sido fonetizada. Hablando de la psicosomática, la frase del trabajo: “el cuerpo se arma entre el amor y la escritura”, me inspiró otra que dice que “el cuerpo se arma entre esas manos que nos hablan y las palabras que nos tocan”, me surgió entonces la pregunta acerca de si en la lesión psicosomática se trata de una inscripción que perdió la erótica.

Todas estas obras maestras del Renacimiento se subsumen en ese cuerpo que es interpretado visto desde el afiche que acompañó la publicación, en el estilo del Pop-Art. en la revista Play-boy.

El Pop-Art Es un movimiento contracultural respecto del clasicismo en el arte, y se caracteriza por la proliferación de imágenes, es el arte de la imagen. El afiche es en sí mismo, una figura emblemática de esa corriente artística nacida en EEUU en la década del 60, coincide con la aparición de los hippies, Woodstock, la guerra fría, y los viajes espaciales. Es la década de surgimiento de una utopía por la cual los jóvenes convocaban a hacer el amor y no la guerra. En este período histórico Bradbury ubica este cuento en el que los protagonistas dan una versión renacentista del amor.

Hablando del predominio de las imágenes y lo imaginario hay un juego de espejismos y espejos, en el cuento empezando por el nombre del psiquiatra George C. George un nombre que se mira en el apellido.  Además en Fleet de Emma Fleet hay un chiste encubierto. Fleet en inglés quiere decir “flota”, “flota de barcos”, y lo que médico ve cuando su paciente está entrando en su consultorio es ese “bamboleo” ondulante como el desplazamiento de una flota en el mar. Es lógico que atrapado por esta imagen “traumática” el psiquiatra no pueda escuchar lo que Emma venía para decirle. Al mismo tiempo y en lo que empieza a ser un juego de equívocos homofónicos, esta mujer a pesar de sus 200 kilos flota, flota en el aire, más adelante en el cuento el autor la compara con un globo y no cualquier globo sino el enorme globo publicitario de Macys la tienda de modas en la Nueva York de la época. Entonces a pesar de esos 200 kilos, Emma flota, flota de amor.

Hablando del cuerpo de Emma, las autoras dicen “que es grosero, excedido, fantástico, irreal, mágico” yo agregaría “utópico”, pero ¿de qué cuerpo hablamos? Porque con la Pulsión Freud inventó un nuevo cuerpo, el cuerpo pulsional.

“Marca en el cuerpo de que hay un decir”, Lacan corrige a Freud cuando dice que en el caso de la pulsión no se trata de mito sino de ficción, y que la imagen que mejor representa a la pulsión es la imagen de un montaje semejante a un collage surrealista. Con esto del collage surrealista Lacan se inspira en Lautremont, un poeta maldito que definió a lo bello como “el encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección”. Bien puede ser una metáfora del “amor loco” de Bretón, para quien la belleza liga el amor y el sueño, pero también el amor es deseo de belleza, sólo que su concepto de bello es convulsivo es algo que involucra el cuerpo.

Volviendo al cuerpo de Emma es el cuerpo de una mujer que se sale del cuadro, de lo común (y en ese sentido podría pensarse que anticipa el lugar central de lo femenino en el siglo XXI) en algún momento el narrador dice “El doctor contempló la vastedad continental de esa mujer”. Interesante porque “continente” en tanto vastedad alude a una gran superficie.  Pero el cuerpo de una mujer también es continente, en tanto sede de la oquedad, lo hueco, el vacío que le hace posible el engendramiento de la vida. También en el cuento se articulan gestación y creación cuando EMMA le dice que “con la obra terminada se terminó la felicidad” allí el psiquiatra le dice que ella está sufriendo algo parecido a lo que en ese momento en EE.UU, se llamaba “baby blue” que era un nombre para la depresión puerperal. Entonces con “continente” estamos en el terreno de lo lleno pero también del vacío. Ese cuerpo tatuado oscila entre la proliferación y el vaciamiento.  Emma llega al consultorio “atiborrada” llena. “Ati” de atibar significa llenar algo de borra –la borra del café- lo cual es paradójico porque la “borra” se lee, pero el juego homofónico hace posible leerlo en el sentido de borrar lo escrito.

Esto que se borra hace escritura. Lectura y borramiento van juntos. Lo que el psiquiatra le dice a Emma respecto de la obra maestra es -bórrela, Ud tiene que destruirla-

Esa fue su magia crear el vacío que hiciera posible el relanzamiento del deseo y por lo tanto el renacimiento.

Queda mucho por decir, este trabajo también se podría haber llamado “no hay relación sexual”, porque ¿cuál es la relación entre ellos?, como muy bien señalan, cuando hablan de una sexualidad no genital dicen con Freud, el cuerpo entero es una zona erógena. Volvemos otra vez al tema de la pulsión.

¿Es realmente amor?  ¿Están locos? ¿O bien están locos de amor?  En el año 1974 Lacan dice en Italia, “el amor sólo se escribe gracias a la abundancia, a la proliferación de desvíos, de enredos, de elucubraciones, delirios y locuras que ocupan un lugar enorme en la vida de la gente. Allí emparente el amor y la locura. El amor Fou el amor loco de Breton, para quien lo bello enlaza sueño y amor.

Interesante me resultó la lectura sobre el lugar del tatuaje en el mundo contemporáneo. Pensaba en el tatuaje como objeto erótico pero también como objeto histórico. Hubo épocas en las que el tatuaje era un adorno valorado y otras en las que estaba prohibido tatuarse. Lo que ellas dijeron me recordó que Sarduy veía el tatuaje como la búsqueda de una erótica que responde al deseo de que en esta sociedad líquida algo se inscriba.

Para finalizar, respecto de la pregunta de si el psicoanálisis es un arte me gusta algo que Harari dijo respecto de este tema algo muy simple y que me parece verdadero, “el psicoanálisis no es un arte, pero no es sin el arte”. Además no hay psicoanálisis sin amor de transferencia y sin la presencia de esos cuerpos en los que las palabras resuenan dibujando los mapas de goce que hacen posible otra escritura.

*****

Los autores Miembros del Departamento de Dolencias Orgánicas e Interconsulta del Centro Oro son: Alicia Candela, Florencia Castello Penchaszdeh, Mariana Nocete, Josefina Heynes, Daniela Vuatolo, Mónica Chaves, Karina Bacskay, Maricel Mayo Persia, Lucía Magallanes, Amalia Lingenfelder, Susana Salce (comentarista)
Bibliografía
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Soler, Collete “El cuerpo en la enseñanza de Jacques Lacan” archivo pdf.
El amor, ¿una ficción compartida?
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