Curso de Filosofía

Curso sobre algunos puntos de la filosofía de Spinoza

Por Dra. María Laura Méndez
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Resulta difícil sintetizar en algunas líneas el curso sobre Spinoza porque fue una experiencia colectiva, que se fue configurando en el intercambio, curiosamente virtual, pero no por eso menos potente por lo menos para mí.

Lo primero que quiero señalar es que fue pensado en el marco del tema central de investigación  de la Institución para este año: “La tensión entre Eros y Thanatos”, propuesta ajena al pensamiento spinocista, en parte porque su sistema filosófico, como es lógico, responde a las preocupaciones planteadas en el siglo XVII, de las que el autor intenta desprenderse y construir otra perspectiva que la modernidad occidental desoyó, por lo menos hasta mediados del siglo XX, cuando sus ideas sirven de plano de consistencia para recorrer el largo camino de deconstrucción del  imaginario colonial-moderno.

A fin de reafirmar algunas cuestiones planteadas en el Seminario, voy a realizar una cartografía entre los textos de Deleuze, quien podemos decir, nos traduce la obra de Spinoza al léxico filosófico del siglo XX, y algunos problemas planteados por tres autores más cercanos a nosotros, Annabel Lee Teles, pensadora uruguaya, Gregorio Kaminsky que nos acercó a muchos al autor y Diego Tatián   del que podemos nutrirnos con su incansable producción.

En primer lugar, a la manera de telón de fondo, señalar que en todo el amplio  recorrido de Deleuze, queda clara la insistencia de Spinoza por apartarse de toda idea de trascendencia separándose así tanto de la concepción metafísica del Ser y de la consiguiente emanación de los entes, como de la concepción teológica de un Dios creador, del cual dependen sus criaturas, consolidando formas  de dependencias y  sometimientos del cual derivará un sistema  teológico – político – epistemológico  que rige hasta  nuestros días y cuyas evidentes fracturas cuestan tanto asimilar, justamente porque se trata de concepciones molares, al decir de Deleuze-Guattari que constituyen nuestros  procesos de subjetivación basados en las  formas de sobrecodificación  moderno-colonial-capitalística.

A la idea fija de trascendencia, que crea necesariamente un sistema jerárquico y supuestamente inamovible, le contrapone la inmanencia de una Naturaleza en devenir y movimiento constantes que se expresa en los modos de existencia que no cesan de componerse y descomponerse en lo que experimentamos como existentes, por ser parte extensa de la misma y grado de su potencia infinita.

Spinoza se aparta de toda perspectiva jerárquica, cada modo de expresión posee el grado de potencia que le corresponde para actuar, o sea para intervenir en la Naturaleza-

Cuando recorremos los textos spinocianos, nos impacta una peculiar visión que se despliega en una lógica relacional donde los conceptos y los afectos nos aproximan a la Naturaleza- Dios y a la Naturaleza-mundo; a cuerpos extensivos y a singularidades intensivas. La filosofía de Spinoza gracias al movimiento de la Naturaleza Naturante y la Naturaleza Naturada, pliega lo uno y lo múltiple mediante un pensamiento relacional y afirmativo, realiza un estricto ejercicio de inmanencia […], lo que significa que Dios (Naturaleza naturante), agente productor integra lo .producido (Naturaleza naturada): no hay separación entre la causa y su efecto, entre lo que produce y su expresión”. (Lee Teles 2007)

Esta visión de la inmanencia ratifica por un lado la idea de Spinoza de que no somos sustancia, somos relaciones, apartándose de la idea de sujeto moderno considerado como sustancia, como soporte o como supuesto, al decir que somos relaciones como todo lo existente.  Idea que ratifica al considerar al proceso de individuación como un constante interjuego de velocidades y lentitudes.

Por esta razón Spinoza se aparta de la moral, por considerarla un sistema de juicio abstracto, no existe para él el Bien o el Mal, sino lo bueno y lo malo, considerado en situación; por consiguiente no hay juicio de valor ni remordimientos, en cada momento actuamos según el cuantum de potencia que nos es posible desplegar según las afecciones que la efectúan.

Sin duda estas consideraciones produjeron en su época resonancias complejas, y hoy nos permite cuestionar diversas consideraciones, tanto en la esfera político-epistemólogica como en las diversas prácticas que no pueden desprenderse de conceptos que se presentan como universales y absolutos.

Por esta razón apostamos a lo que nos propone Lee Teles en el texto citado:

“Las experiencias singulares y colectivas que apuestan por la creación fuerzan a la pregunta y exigen modificaciones en las condiciones de vida. En ese campo la pregunta por lo humano singular-colectivo y por las composiciones relacionales que lo vinculan consigo mismo, con los demás y con la naturaleza contribuye a comprender los modos de existencia en este tiempo de mutaciones que nos ha tocado vivir. Pensar lo humano singular colectivo, los procesos colectivos que cada quien despliega, significa pensar el mundo en el que nos encontramos y avanzar hacia una propuesta ético-político capaz de propiciar nuevos modos de existencia que traigan consigo nuevos modos de mundo” (ibídem).

Aunque este texto nos parezca hoy algo utópico, sin embargo a la luz del pensamiento de Spinoza, evidencia una posición en la vida que no se deje arrastrar por las pasiones tristes, que agitan los poderosos que pretenden despotentizarnos. Es por esta razón necesario también revisar algunos conceptos de los que nos cuesta desprendernos, aunque la propuesta es apartarnos de su reificación y considerarlos como invenciones epocales, ficciones útiles, al decir de Nietzsche.

Para la visión de Spinoza no existe una interioridad pre-establecida, sólo potencia singular que durante la vida nos hace perseverar en la existencia, así la vida, en cualquiera de sus modos, tiende a durar transformándose constantemente según un ritmo también singunlar de velocidad y lentitud.

No hay nada innato salvo la capacidad de afectar y ser afectado según cada modo de existencia, por lo tanto nos individuamos constantemente según las relaciones que establezcamos, que nos moldean y constituyen.

Las afecciones de los cuerpos producen transformaciones en las almas, a medida que aumentan las relaciones entre los cuerpos, crece la capacidad de percibir de las mentes; ni ideas innatas ni deseos previos a la constitución de relaciones, nada entonces, puede considerarse universal sino epocal y en situación, toda universalización es para Spinoza, efecto de la imaginación, es decir de ideas inadecuadas, pero paradójicamente constitutivas de nuestra existencia, fruto de las afecciones que producen pasiones.

Por esta razón aunque Spinoza es un racionalista, nunca lo es de manera radical, su afán de alejarse de la fe en los dogmas lo lleva a proponer a las pasiones como constitutivas de nuestro pensamiento, entendiendo que por esto nos apasionamos por los conceptos, otorgándole una existencia en lo real.

Va a ser más tarde Nietzsche quien mejor defina esta capacidad como creación permanente de ficciones útiles sin las que no podemos vivir, pero en las que no podemos otorgarles valor de verdad. También está presente esta posibilidad de creación en los relatos míticos que se caracterizan por la multiplicidad de versiones sin que ninguna pretenda erigirse como verdadera.

Spinoza define a nuestro modo de existencia como deseante y nos dice:

“[…] no nos esforzamos por nada, ni lo queremos, apetecemos ni deseamos porque juzgamos que es bueno, sino porque, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque nos esforzamos por ello, lo queremos, apetecemos y deseamos.”  (E. III, P IX, Escolio).

Será entonces la potencia deseante la que caracteriza nuestro modo de existencia, llamado humano, sin otorgarle a esta particularidad ninguna jerarquía ni privilegio.

Esta pulsión es una fuerza de vida, la muerte no tiene en Spinoza un registro esencial, pero la Naturaleza es una constante composición y descomposición de relaciones, y existen fuerzan que en todo momento amenazan las nuestras como   a todos los seres vivos

“[…] desde allí, la muerte persiste como amenaza bajo la forma de afección, o sea como indicio afectivo en el cuerpo y de ideas imaginarias que envuelven o involucran a esas fuerza ajenas”

“El marco expresivo de las afecciones, del tipo restrictivo, entonces, no puede ser sino imaginario, el hombre no piensa en sus limitaciones e impotencias, sino a través de aquellas pasiones que disminuyen su potencia de actuar.

“[…] Imperfección, finitud, restricción, muerte…son algunas de las inscripciones intelectuales que alientan las huellas imaginarias de las amenazantes pasiones tristes”. (Kamisnky, 1998; 113)

La lógica de las afecciones expresa la multiplicidad de relaciones que constituye la Naturaleza naturada, lo vivo es interacción constante entre fuerzas inferiores y superiores.

“En clave político-religiosa, este es, tal vez, el más poderoso recurso para contener a la multitud e instalarla en el temor permanente a la muerte e inducirlas, con promesas de salvación a la esperanza de apartarla o alejarla de sí mismos. El iracundo Dios judaico, por demás atemorizante; las obsesivas prácticas de ciertas sectas cristianas para asegurar la bienaventuranza y las promesas católicas de redención a través de la esperanza, ¿no son modalidades histórico-culturales de sojuzgar imaginariamente a la muerte y, a través de estos procedimientos, obtener reparaciones terrenales?  (ibídem,115).

¿No son acaso las mismas maniobras que se repiten en las propuestas políticas autoritarias y fascistas que se presentan como redentoras capaces de aniquilar todas las injusticias, postulando políticas binarias basadas en el odio?

Son los poderosos los que nos quieren tristes, nos advierte Spinoza, disminuyendo nuestra potencia de actuar, encarnados en los tiranos, los sacerdotes y quienes se jactan de ser esclavos, porque no pueden tomar posesión de su potencia y por eso gozan impotentizando.

De las pasiones tristes la que abarca toda la existencia es la melancolía, que no sólo es mala cuando se da en exceso sino siempre porque es siempre antipolítica.

“[…] Melancolía designa el estado integral de un cuerpo que sobreviene cuando la tristeza afectiva llega a ser no únicamente local sino absoluta; una tristeza totalitaria que define a la existencia pasiva en su límite más bajo “.  (´Tatián: 2004, 67)

Mientras que la cautela es un modo que apunta siempre al aumento de la potencia, […] la melancolía denomina su inexistencia y se halla comúnmente asociada a una retórica que cancela el horizonte político de los hombres en favor de una presunta edad de oro. [—] La melancolía obtura de este modo lo que de suyo está siempre abierto y cuyas posibilidades no podemos establecer con antelación a su ejercicio”.(ibídem)

¿Cómo sería plantearnos, o pensar una clínica, una política o una práctica pedagógica, desde la perspectiva spinociana, sin falta, sin culpa, sin juicio moral desde donde se interpreta y sin posibilidad de concebir un saber absoluto, universal y acrítico, pero confiado en la potencia de los otros y en la propia sin soberbia, ni desprecio, ni remordimiento?

Toda filosofía y en primer lugar la suya que se reafirma en y para la vida, es un modo de perseverar en el ser y denegar la nada”.  (Kamisky, 120).

 

Bibliografía:

  • Deleuze, G. 2008   En medio de Spinoza. Ed. Cactus Buenos Aires.
  • Kaminsky, G. 1998. Spinoza: la política de las pasiones. Ed. Gedisa. México
  • Lee Tele, A.  2007. En el despliegue de la vida… pensamiento, deseo y Creación .https// epensamiento.com/ p 1197.
  • Spinoza, B.  Ética varias ediciones.
  • Tatián, D.  2004   Spinoza y el amor del mundo. Ed. Altamira. Buenos Aires.
Curso sobre algunos puntos de la filosofía de Spinoza