Dossier

Una erótica de la época

Por Octavio Fernández Moujan
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El salto que la humanidad hizo con lo que llamó “filosofía del Ser” fue enorme pues significó dejar de ser sujeto de conocimiento (la famosa sentencia cartesiana “pienso luego existo) para ser “arrojados al mundo” (Heidegger) que “ser siendo con” los demás. Ya no es el hombre sujeto frente a una realidad objetiva que represento para pensarla, sino participar como Ser deviniendo con ella “diferente pero unidos” (Deleuzze).

Fue parecido al salto que pegó de la física mecánica, que el hombre sujeto va descubriendo una realidad dada, a la física cuántica dónde el hombre se va descubriendo en una realidad dándose con ella. “Todo tiene que ver con todo” (partícula – onda).

Dichos saltos cuestionan nuestra condición de Yo –Sujetados en relación ante una realidad objetiva que identifico y me va constituyendo o transfiriendo mis conflictos. O supuestas verdades.

Mientras Nietzsche nos dice “la verdad no existe”, Vattimo nos dice “la verdad está dándose en el diálogo”. Y nosotros decimos que antes de percibir vivenciamos una experiencia que participamos y nos transforma.

Antes o más allá de toda identificación que como Sujeto deseante, que me atrae o provoca rechazo, vivenciamos también de una experiencia con una realidad mucho más amplia que como Ser participamos anhelando más allá de todo deseo, superar dicha circunstancia de vida dialogando (“devenir en el otro sin dejar de ser uno”) o sea participando de una realidad dándose.

La relación terapéutica se vuelve en un encuentro terapéutico.

Encuentro terapéutico del que participamos de su construcción que nos transforma dándose ahora más allá de hacer consiente lo inconsciente. Este diálogo participativo nos transforma (cura) con nuestros pacientes. Anhelo de superación desde el encuentro.

El desafío es como transformamos la relación terapéutica en encuentro dialogal en un ahora dándose como “Ser siendo“.

La filosofía griega entiende por “eros” un anhelo vital de superación en el amor, más que un deseo pulsional de satisfacción. No lo niega sino que amplía nuestra condición de Yo – Sujeto en relación, a nuestra condición de Ser siendo con esa realidad dándose ahora y que nos transforma al entrar en ese diálogo participativo anhelante más allá de todo deseo de satisfacción.

Esta nueva actitud terapéutica cambia nuestra condición de Sujeto en relación a los objetos o el Otro, que quieren curar o cambiar. Nuestra condición de “Ser siendo con”, participando de “eros”, que como el amor mismo, anhelo superarnos en un “ahora” que se está dando y que cuando lo interpretamos esa experiencia nos transformamos haciendo consciente no solo lo inconsciente individual sino también la realidad dándose “con” nosotros.

Un filósofo del Ser diría “Ser siendo con”, un físico de la cuántica “nos conocemos con la realidad dándose al descubrirla”.

Cuando el amor (eros) no es posesivo “devenimos superándonos con el Otro”. Por eso digo “nos curamos con nuestros pacientes”.

O.F.M. / Oct 2019

Una erótica de la época