Dossier

Pareja abierta: entre lo singular y lo epocal

Por Susana Palonsky
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Presento aquí una situación clínica con una joven que formó una pareja abierta. Sin pretensiones de generalización, el caso permite revisar problemas con los   que nos encontramos en una clínica donde lo epocal y lo singular se entraman en arreglos novedosos.

El desafío fue discernir mi implicación en el vínculo terapéutico más allá del eje transferencia/contratransferencia y re-posicionarme en el deseo de analista reconociendo una escucha interferida por valores personales que me interrogaban tanto desde lo teórico como desde lo emocional.

Cuando Freud se refería a la “elección de la neurosis” para indicar por qué un sujeto desarrollaba un determinado tipo de síntoma y no otro, recurría a las series complementarias, dejando un margen -con el término elección- para un acto del sujeto. Ese acto no obedece a un puro determinismo, sino que puede ser de la índole de la novedad o la invención, y puede responder a mociones pulsionales favorecidas por lo que Hegel -y con él Freud- denominara “zeitgeist”: el espíritu del tiempo, reservorio de la oferta de identificaciones e ideales posibles en una época.

Un analista debe registrar el imaginario social de su época que instituye lo que es sano o patológico, lo permitido y lo prohibido, y así poder distinguir lo que podría ser signo de des-alienación en un sujeto innovadoramente desobediente o signo de una pérdida de anudamientos que podría llevarlo a desbarrancar.

El caso

Mariana, hija modelo, profesional, proviene de una familia muy católica que le inculcó el ideal de virginidad hasta el matrimonio. Su madre y su tía fallecieron jóvenes de cáncer ginecológico después de larguísimos años de enfermedad. Siendo adolescente, Mariana fue la encargada de cuidar a la madre, y guarda   recuerdos traumáticos de esos tiempos. A poco de fallecer la madre inició su vida sexual con parejas estables y con escasa satisfacción sexual, en las que predominaba la represión y la baja autoestima respecto de su femineidad.

Con intensas fantasías de infidelidad y sentimiento de culpa, expresaba su conflicto como la lucha entre un angelito y un diablito. Tuvo infidelidades virtuales y luego reales. El afán por superar sus represiones la llevó a experimentar múltiples relaciones incluyendo la homosexualidad. Parecía querer resolver la pregunta freudiana sobre “¿qué quiere una mujer?” en acto.

Finalmente decidió contactarse con personas que practicaban el amor libre y estableció una pareja “poliamor” con Andrés, que continúa hace varios años. Los acuerdos entre ellos fueron cambiando: inicialmente la pareja sería abierta sin necesidad de contarlo pero esto les generaba desconfianza y celos, entonces decidieron contarlo cuando ocurría, poniendo la condición de no enamorarse de otros. Más tarde se enamoraron de otros y otras, y tuvieron que luchar contra los celos y la necesidad de colmar con relaciones intrascendentes el vacío que les quedaba cuando el otro se iba.

Hoy, habiendo re-pactado distintos acuerdos, Andrés tiene también una relación estable con otra mujer y Mariana ya no necesita llenar el vacío de cualquier modo. Sólo tiene relaciones con otros/otras en tanto sean “sexo-afectivas”, es decir que le importen. Con la otra mujer de Andrés mantiene una amistad y mucho cariño. Aunque no se frecuentan, se respetan procurando que nadie sufra.

Haciendo historia

Los orígenes de la pareja abierta como una de las modalidades posibles del vínculo amoroso se remontan a mediados del siglo XX.  Acompañando los cuestionamientos éticos y filosóficos producidos por los estragos de la Segunda Guerra, en Europa tuvo su auge el existencialismo como filosofía que alertaba sobre la temporalidad del ser-para-la-muerte y la prevalencia de la existencia sobre la esencia. Se trataba de vivir el presente, centrándose en temas como la libertad, la responsabilidad, el compromiso, la autenticidad, las emociones, el significado de la vida, el absurdo y la nada.  Era una época de rebeldía y oposición a un sistema que muchos sentían como decadente, más aún con el riesgo de extinción de la vida misma a partir de la amenaza de una guerra atómica entre las grandes potencias que se habían repartido el dominio del mundo. En este clima social es paradigmática la pareja abierta de Simone de Beauvoir y J.P. Sartre como exponentes de esta corriente de pensamiento.

El amor libre como ideal común y práctica de un grupo comienza en EEUU en los años ‘50.   J. Presmont, líder de ese grupo, funda la comunidad Kerista con los ideales de liberación racial y sexual tendientes a abandonar el mundo recto convencional. Existía una serie de reglas tendientes a impedir la formación de parejas y familias tradicionales. Era obligatoria la vasectomía en los hombres y había que evitar la preferencia por alguien en particular, lo cual supuestamente se podía lograr durmiendo cada noche con una persona diferente.

En la década del ‘60 surge en E.E.U.U el hippismo en abierta oposición a la guerra de Vietnam como movimiento pacifista y anti-sistema, a favor de las libertades en general y la libertad sexual en particular. Era una contracultura que buscaba alejarse de la comodidad burguesa en busca de una vida natural fuera de las convenciones tradicionales, bajo el signo de la paz y el amor.

Mientras tanto en nuestro medio se gestaban los movimientos revolucionarios de izquierda en consonancia con el nuevo orden mundial de posguerra y como reacción a las sucesivas dictaduras. El espíritu de época de la cultura sesentista propiciaba la emergencia de un “hombre nuevo” en lo económico, político y social en general, para lo cual se libraba una batalla cultural contra los discursos vigentes en torno a la sexualidad y al rol de la mujer.

Existía un debate entre los distintos movimientos de izquierda acerca de si la lucha de las feministas era paralela o antagónica a la lucha de clases, pero todos convergían en una transformación de las prácticas de los vínculos de pareja y familia. La sociedad iba transitando del modelo de pareja tradicional formada por el hombre-autoridad-proveedor y la mujer doméstica-dependiente-pasiva a un vínculo de mayor paridad resultado del compañerismo y la complementariedad entre el varón y la mujer. El matrimonio como imperativo empezaba a perder el peso que tenía para dar lugar a las parejas de convivencia. Era una época de bisagra hacia un mundo nuevo y, aunque de forma aislada, aparecieron grupos que cuestionaron seriamente la monogamia y ensayaron experiencias inéditas de pareja abierta o vida en comunidad.

En el tiempo actual al que llamamos posmodernidad esta modalidad vincular se ve popularizada bajo el término “poliamor”. Algunos historiadores prefieren hablar de modernidad tardía para referirse a un tiempo en que se desarticulan los parámetros políticos, institucionales y religiosos de la modernidad pero no aparecen aún con claridad otros que organicen una nueva experiencia del mundo y la sociedad.

El poliamor no se acomoda al par normativo fidelidad-infidelidad de la monogamia. Incomoda porque pone en cuestión el orden predominante trayendo ideales y códigos diversos. Enuncio aquí algunos de estos códigos:

  • El poliamor es la filosofía y la práctica de amar a más de una persona simultáneamente en una relación duradera, con pleno conocimiento y consentimiento de todos los involucrados.
  • Se basa en la compersión. Este término proviene del francés “comperage” que denomina la relación de cuñados o compadres en ciertas tribus indígenas de Brasil, que incluía el intercambio sexual de esposas. En el código poliamor designa el estado de felicidad que se experimenta cuando otra persona es feliz. Es un sentimiento de empatía opuesto a los celos.
  • Es común confundirlo con relaciones sexuales sin compromiso, tríos o swingers, pero a diferencia del poliamor, éstas son relaciones externas y no implican enamoramiento.

 

¿Cómo pensar esta clínica?

Surgen muchas preguntas y algunas respuestas:

Dado que en la actualidad coexisten diversas formas de pareja ¿Cuáles serían las condiciones subjetivas que entraman lo epocal con lo singular para que alguien elija la pareja abierta?

Me remito a dos rasgos centrales de la fantasmática de la paciente:                    – Insistencia de la frase “quiero que se enamoren de mí”. Parece tener más peso ser mirado y deseado por muchos que ser el objeto privilegiado o único de alguien. Predomina el deseo del deseo del Otro.

Angustia de castración y muerte. Debido a la probabilidad de haber heredado los genes responsables de la muerte de las mujeres de la familia, alguna vez fantaseó con someterse a una mastectomía total para prevenir la enfermedad. En su particular construcción de la femineidad descree del futuro, no piensa tener hijos, para ella sólo existe el presente.

¿Se niega la castración en busca de un goce ilimitado? ¿Qué pasa con el tope que indica que “todo no se puede”?

Entre las alianzas estructurantes de los vínculos el contrato de renuncia a la realización directa de las metas pulsionales posibilita el vínculo sosteniendo ciertas prohibiciones e ideales comunes. La pareja abierta altera el contrato estructurante de la pareja tradicional: no se renuncia a las metas directas de la pulsión sexual por fuera del vínculo. En cambio se renuncia al dominio y posesión exclusiva del objeto de amor: el otro no completa, no hay otro que sea el centro de la propia vida, ni ser ni tener un objeto único. No parece tratarse de aquellos   excesos pulsionales en los que “falta la falta”: lo que ocurre es que cambian los ejes que definen qué es una pareja.

¿Cómo son los vínculos que se establecen?

Al principio había una búsqueda compulsiva de encuentros sexuales, actuaciones que me hacían pensar en un sujeto “desbrujulado”, pero eso fue cambiando y haciéndose selectivo. Sólo le interesan los vínculos “sexo afectivos” donde “el otro” importa, no está objetalizado, no es cualquiera. No son amores líquidos, banalizados o sin riesgo: el miedo a la pérdida persiste, aunque los celos y el sentimiento de exclusión están muy disminuidos.

¿Es un movimiento precursor de un nuevo orden o una versión del discurso capitalista que alienta a consumir la mayor cantidad de objetos posibles intentando taponar la angustia?

Una característica del sistema capitalista es que la oferta de lo posible es infinita pero inabarcable, y la satisfacción es paralela a la insatisfacción porque el   encuentro con el límite no cesa de frustrar. Observo que uno de los motivos de ruptura en este tipo de pareja reside en el tironeo al que se ven sometidos para estar con uno y con otro en tanto hay compromiso afectivo con todas las partes y entonces aparece la angustia por tener que elegir o por no ser el elegido. Se despliega una controversia por el poder en la que se dirime quién tiene más influencia que quién.

Aunque los sentimientos son muy diferentes a los que experimentan las parejas monogámicas podemos pensar que se trata de otra versión de los celos. La compersión es un ideal a alcanzar que no siempre se logra y sobreviene la ruptura.

Más que nunca debemos escuchar y atenernos al caso por caso sin afirmaciones universales. Definitivamente, no podemos esbozar ninguna regla. Todo está abierto, en movimiento, y las preguntas quedan abiertas.

Bibliografía

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  • Teoría y clínica vincular psicoanalítica (F.A.P.C.V.). Buenos Aires 2000, Pág. 139.
Pareja abierta: entre lo singular y lo epocal